9 marzo, 2026 1:26 pm

Mientras la oposición se divide entre lujos y la retórica, Maduro gobierna, negocia y se legitima

Por: Erikmar Balza Guerrero.

Mientras la oposición venezolana se desangra en contradicciones, discursos prefabricados, y estrategias comunicacionales cada vez más desconectadas del pulso nacional, el gobierno de Nicolás Maduro consolida su legitimidad internacional y territorial con una estrategia que, aunque subestimada por sus detractores, ha demostrado eficacia política y diplomática.

El nuevo eslogan “¡Va a pasar!” de María Corina Machado circula con la insistencia de una alarma sin fin, amplificado por una red de bots que saturan la plataforma X, el mensaje y el accionar político ha mutado en vulgar propaganda. Esta sobreexposición, lejos de consolidar apoyo político, desplaza cualquier posibilidad de debate serio por el espectáculo digital.

Y el trasfondo es aún más complejo. La oposición venezolana, fragmentada y sin un eje común, perpetúa discursos de confrontación que no sintonizan con las demandas reales de los venezolanos y venezolanas. La pérdida progresiva de espacios regionales de poder es la consecuencia inevitable de una estrategia que privilegia el radicalismo por encima del consenso. La relación ambigua con la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, alternando entre intentos de acercamiento y condenas vejatorias públicas, muestra la falta de visión táctica.

En paralelo, la Revolución Bolivariana despliega una campaña territorial anclada en la organización comunal, la consulta directa y el fortalecimiento del Partido Socialista Unido de Venezuela. Más allá de la dinámica electoral, este enfoque le permite consolidar estructuras operativas y presencia en el tejido social, mientras la oposición sigue debatiéndose en fórmulas fallidas.

Pero el verdadero golpe de legitimidad se da en el plano internacional. Las negociaciones con Estados Unidos, aunque lentas y con inevitables tensiones, han rendido frutos concretos. Desde la flexibilización de algunas licencias, Venezuela no solo volvió al mercado petrolero global, sino que este año se autorizaría la descarga de Gas Natural Licuado en Venezuela, lo que podría ser una solución temporal para el suministro. Además de las proyecciones en exportar la primera molécula de gas en 2027. Estas aperturas representan no solo un alivio económico, sino una victoria política estratégica en medio de más de 900 sanciones internacionales.

De acuerdo con el más reciente informe de la OPEP, la producción petrolera de Venezuela alcanzó en abril de 2025 un promedio de 1.051.000 barriles diarios, un alza de 0,3% frente al registrado en el mes de marzo de este mismo año.

Mientras tanto, la llamada «ultraderecha continental», a través de figuras como Marco Rubio, ha contribuido más a complicar la vida de los migrantes venezolanos que a construir una alternativa viable. La revocación del Estatus de Protección Temporal (TPS) en EE.UU. afectó a más de 350.000 venezolanos, profundizando su vulnerabilidad sin entregar ningún avance político tangible a la oposición.

Por su parte, el Presidente Nicolas Maduro ha reforzado el rol de Venezuela ante la OPEP y la Organización Africana de Productores de Petróleo (Venezuela se convirtió en el primer país no africano en unirse a la APPO como miembro observador en 2022), posicionando al país como actor clave del Sur y denunciando que el 25% de la producción energética mundial está bajo sanciones ilegales. En las plataformas energéticas más importante del mundo, el gobierno venezolano no solo tiene voz: tiene asiento, legitimidad y propósito.

Así, en un momento donde el mapa político interno parece congelado, la legitimación externa del Presidente Nicolás, contrasta drásticamente con la falta de estrategia opositora. Como señala el analista Hugo Marugán, a quien adverso ideológicamente, refiere una verdad: “Maduro mantiene apoyos estratégicos que limitan cualquier “intervención internacional”. Y es que, por más que se multipliquen los comunicados de condena, la realidad es que la Revolución Bolivariana sigue teniendo interlocución directa en las plataformas multilaterales, mientras la oposición se deslegitima con cada contradicción.

Pensar en un cambio político inmediato en Venezuela es una fantasía de salón. Mientras la oposición se divide entre el exilio de lujos y la retórica sin sustancia, Nicolás Maduro gobierna, negocia, produce y se legitima. La ultraderecha venezolana no solo ha perdido el rumbo: ha perdido el respeto. Y en política, eso no se recupera con hashtags, ni con whiskys importados.

fisernews

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