Los entornos de trabajo híbridos, el uso de servicios en la nube y la adopción creciente de inteligencia artificial están redefiniendo el concepto tradicional de perímetro corporativo. En este escenario, la identidad digital se vuelve el eje central de las estrategias de ciberseguridad empresarial.
La forma de proteger la información y los sistemas críticos en las organizaciones está atravesando una profunda transformación. El crecimiento del trabajo remoto, la externalización de servicios, la adopción de plataformas en la nube y la automatización de procesos han redefinido los esquemas tradicionales de seguridad corporativa.
Una investigación de la Cloud Security Alliance (CSA) 2025 encontró que el 59 % de las organizaciones identifica las identidades inseguras y los permisos riesgosos como el principal riesgo de seguridad en entornos en la nube, lo que subraya la importancia estratégica de la seguridad de identidades para las empresas. En este contexto, BeyondTrust señala tres proyecciones clave que marcan la agenda de la ciberseguridad empresarial en América este año:
1. La identidad se vuelve el principal control de seguridad
Durante años, las organizaciones confiaron en firewalls y segmentación de red como primera línea de defensa. Sin embargo, en entornos híbridos y multinube, esta lógica resulta insuficiente. En 2026, las decisiones de acceso estarán cada vez más determinadas por las identidades, el nivel de privilegio y el contexto, no por la ubicación dentro de la red.
“Las empresas ya no pueden asumir que todo lo que está dentro de la red es confiable. Hoy, cada acceso debe validarse en función de quién es el usuario, qué permisos tiene y si ese acceso es realmente necesario”, explica Francisco Lugo, ingeniero de Soluciones Senior de BeyondTrust para América Latina.
2. Hay que considerar las identidades no humanas
Además de los usuarios humanos, las organizaciones gestionan un número creciente de identidades no humanas, como cuentas de servicio, aplicaciones, procesos automatizados y agentes impulsados por inteligencia artificial. Estas identidades suelen operar con permisos elevados y, en muchos casos, con una visibilidad limitada.
“A medida que las empresas automatizan procesos y adoptan inteligencia artificial, también están creando identidades que acceden a sistemas críticos sin un control adecuado. En 2026, este será uno de los riesgos menos visibles, pero más relevantes para la seguridad empresarial”, advierte Lugo.
La falta de control sobre estas identidades puede facilitar movimientos laterales y accesos no autorizados, lo que incrementa el impacto de un posible compromiso.
3. Hay que controlar los accesos privilegiados
En un modelo de seguridad centrado en las identidades, el control de accesos privilegiados se vuelve esencial para limitar el impacto de los incidentes. El crecimiento de identidades humanas y no humanas con permisos elevados ha incrementado el riesgo asociado a privilegios excesivos o mal gestionados, especialmente en entornos híbridos y altamente automatizados.
En este contexto, las soluciones de gestión de accesos privilegiados (PAM, por sus siglas en inglés) permiten a las organizaciones aplicar controles más precisos sobre quién accede a los sistemas críticos, bajo qué condiciones y por cuánto tiempo, reduciendo la exposición asociada a credenciales persistentes y accesos innecesarios.
“Cuando una identidad con altos privilegios es comprometida, el daño puede escalar rápidamente. Reducir accesos innecesarios y hacerlos temporales es una de las formas más efectivas de contener ese riesgo”, señala Lugo. Para 2026, la gestión más estricta de los privilegios se consolidará como un componente clave de las estrategias de ciberseguridad empresarial basadas en identidades.
Así pues, las identidades dejaron de ser un elemento más de la arquitectura de seguridad y pasaron a ser el núcleo de la resiliencia digital, dice BeyondTrust. Las organizaciones que adopten este enfoque reducirán riesgos y fortalecerán su capacidad de adaptación frente a los desafíos del 2026.
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