dirigidas a los colectivos LGTBIQ+ gestionan un volumen importante de información personal y sensible (ubicación, fotos, conversaciones privadas o preferencias personales) y en un contexto marcado por la inteligencia artificial, el perfilado algorítmico y las filtraciones de datos, esa ‘huella’ puede resultar muy valiosa para dirigir contenidos publicitarios, pero también para los ciberdelincuentes que quieren para lanzar ataques muy personalizados.
Los investigadores de la Universidad del País Vasco Estibaliz Cepa-Rodríguez y Aitor Martxueta examinaron recientemente la prevalencia y las repercusiones del acoso y el ciberacoso en una muestra de más de 1.000 personas que se identifican como gais, lesbianas, bisexuales o asexuales y revelaron que más de la mitad habían sufrido algún tipo de violencia por su orientación sexual.
Y comprobaron además que las agresiones físicas y verbales directas siguen siendo las más comunes, pero también que el hostigamiento digital gana terreno y genera daños psicológicos especialmente profundos en las víctimas y que el ciberacoso genera daños más severos en la salud mental y el desarrollo de la identidad que el acoso presencial.
En su estudio, los investigadores señalaron que las estrategias de intervención deben contemplar la coexistencia del acoso tradicional y del ciberacoso, además de incluir todo el espectro de identidades que abarca el paraguas LGTBIQA+ (lesbianas, gais, transexuales, bisexuales, intersexuales, queer, asexuales y más) en los programas que traten de promover el respeto a la diversidad sexual.
notiveraz