El exrector del Consejo Nacional Electoral (CNE), Vicente Díaz, calificó de «impecable» el discurso que pronunció la presidenta de la República, Delcy Rodríguez, ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU). A través de su cuenta en X, el analista compartió su valoración en seis puntos y concluyó: «Un discurso que me gustó y respaldo sin descuidar la atención; con omisiones estratégicas sin duda».
Los seis puntos de su análisis
1. A mi parecer impecable, desde el punto de vista de su realidad política: anuncia intenciones, identifica los desafíos nacionales, reconoce el daño de la priorización de los colores (partidos), establece como seguridad el retorno a la democracia mediante la institucionalización y elecciones plurales reconocibles por todos a nivel nacional e internacional.
2. De allí se derivan exigencias inmediatas: transformar la administración de justicia, que le sirva a todos (inversionistas y ciudadanos), hoy es arbitraria, autoritaria, corrupta, partidista y precaria; el sistema político, que genera las leyes, instituciones y políticas públicas, difícilmente puede generar una democracia sin dueños (políticos) a partir de partidos con dueños. Y de un cuerpo normativo e institucional que ha demostrado su indefensión frente a la colonización hegemónica del ejecutivo. Eso debe cambiar. El reto opositor es exigir que eso se dé, y contribuir a que se dé.
3. Es muy claro que la magnitud del daño, del cual obviamente fueron parte, supone un esfuerzo generacional, pero la urgencia de las necesidades amerita acciones urgentes que no se pueden posponer (el sufrimiento es mucho). Anuncia que se debe dejar en el pasado lo que ya no sirve (y realmente nunca sirvió) Y eso requiere voluntad de las autoridades, exigencias opositoras (y ojalá contribuciones), y recursos para emprenderlas. Y, quizás lo más importante, una visión de Estado, que soslaye el cálculo táctico. El discurso de Delcy expresa esa dirección.
4. Atención activa opositora para que los propósitos explícitos y el camino que se anuncia se conviertan en realidades evaluando, respaldando lo que vaya bien, y cuestionando lo que nos aleje de llegar a ser un país democrático, moderno, institucionalizado y tan potencialmente atractivo que comience a revertir el flujo migratorio en su totalidad.
5. También se reconoce que el lago petrolero que yace bajo tierra, está en América. Que no puede seguir bajo tierra. Que la geografía importa. Que eso requiere sentido de realidad y no solo deseos y voluntad. Somos parte del dispositivo cultural, político, legal, logístico y económico de Occidente. Y desde ese marco hay que exigir lo del Esequibo pero también relaciones dignas, plurales y respetuosas con todos los países sobre la base del diálogo como único camino sostenible.
6. Que la realidad histórica ha indicado (ciertamente) que la mejor manera de lograr lo nuevo que queremos es partiendo de lo actual que tenemos.
Finalizó diciendo que fue un discurso que «me gustó y respaldo sin descuidar la atención; con omisiones estratégicas sin duda».
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